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¿Habrá Paz?

“La camisa de fuerza de estos acuerdos puede hacer de Colombia una Nación muy difícil de gobernar”: senadora Paloma Valencia.

 

Bogotá D.C., junio 23 de 2017.- Mucho se discute sobre si las Farc tiene o no voluntad para cesar la violencia. Para algunos el tema es que tendrán -como ya lo tuvieron- una combinación de formas de lucha; un grupo político respaldado por una organización violenta que elimine la competencia política y que incentive -a través de las armas- la adhesión de la ciudadanía. El proceso se daría a través de las disidencias -que son solo una forma disimulada de incumplir los acuerdos.

 

Para otros el asunto es distinto. Aun creyendo que las Farc se desmovilizan y tiene la voluntad de abandonar la violencia; el problema es que la violencia va a continuar -con o sin anuencia de las Farc. La violencia en Colombia no es política; sino que por el contrario se debe a la existencia de negocios ilegales que para mantenerse requieren estructuras criminales organizadas. La reducción de las cifras de homicidios se explica por la falta de combate al narcotráfico y a la minería ilegal. En el momento en que el Estado vuelva a buscar destruirlos, las fuerzas de la violencia actuarán sumiéndonos en todo tipo de tristezas.

 

Aún otros insisten en que es una desmovilización en que los jefes que se quieren retirar, pero que la fuerza combativa cambiara de nombre, o se sumará a otra organización o simplemente se declarará el disidencia. Así que los jefes gozarán de los beneficios aunque no logren la efectiva desmovilización de toda su estructura.

 

El resultado para todas las interpretaciones es que la negociación de La Habana no trae paz, se limita en el mejor de los casos a desmovilizar unos cuantos criminales a cambio de exageradas concesiones. Y esos criminales son remplazados por otros casi de manera instantánea. Quedamos con la violencia y con criminales impunes llenos de beneficios, que se vuelven el símbolo de la injusticia y en el paradigma de todos los otros criminales que ansían para el fin de su carrera de delitos también premios e impunidad.

 

Un problema del que poco se habla es la imposibilidad del Estado de cumplir con todos los beneficios que le prometieron a las Farc. 

Cumplirlos no será solo un tema de voluntad como los promulgan los defensores del acuerdo. Hay factores que hacer materialmente imposible hacerlo. Por una parte, los costos estimados en 130 billones contrastan con la frágil realidad económica de la nación. Por otra parte, hay asuntos absolutamente inaceptables para los demócratas; con la JEP que tendrá que ser rechazada de manera categórica. 

Finalmente, será muy difícil que el pueblo colombiano que ha estado abandonado por este gobierno, acepte que los recursos se vayan en los terroristas en desmedro de los derechos y pretensiones de los ciudadanos de bien. Lo vimos en el paro de maestros, donde se quejaban de que hubiera recursos para las Farc y no para la educación. Eso mismo sucederá cuando las viviendas o las mejoras en salud sean para crimínales y no para la ciudadanía.

 

La camisa de fuerza de estos acuerdos puede hacer de Colombia una Nación muy difícil de gobernar. Celebramos que al menos el Congreso esté empezando a darse cuenta al no haber aprobado todavía las 16 circunscripciones. Ojalá la Corte Constitucional no destruya la decisión sobre el fast track. La llegada de la magistrada Fajardo a la que el Gobierno obligó a elegir -con procederes incorrectos e incluso con amenaza- no se utilice para seguir dañando la división de poderes.

 

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Liberalismo condena crimen, torpeza y cobardía

“Hay que seguir la tarea”: senador Horacio Serpa Uribe.

Bucaramanga, junio 19 de 2017.- El terrorismo es una manifiesta expresión de cobardía. Se destruyen vidas y bienes, se causa pavor y miedo al amparo del disfraz, de la oscuridad, del anonimato. Se mata con crueldad en una actitud reprobable que es la más odiosa del crimen. A ella se llega por fanatismo, en extremismo ciego, torpe, demente, buscando intimidar, rendición o destruir para satisfacer instintos irracionales. Por eso, porque es odioso, reprobable en extremo, de la más alta peligrosidad, la sociedad, el pueblo con sus lideratos al frente, ha condenado el acto terrorista, animal, del Centro Andino en Bogotá.

 

El Partido Liberal se ha unido ferviente, con compromiso, al rechazo del enorme y delincuencial estropicio. El liberalismo es libertad, respeto a la vida y a los derechos humanos, justicia y equidad. Es obrar en democracia, con garantías, sin lesionar los derechos de los demás. Atacar, violentar, perseguir, destruir, no cabe en los criterios liberales ni en la doctrina de ninguna ideología democrática.

 

Liberalismo significa convivencia y paz. Por eso la Colectividad roja demanda de las autoridades diligencia y resultados en sus actividades institucionales para saber, sin dudas, con grado de certeza, quienes fueron los responsables intelectuales y materiales del grave acontecer criminal.

 

Liberalismo es respeto y colaboración con las autoridades para que puedan cumplir a satisfacción sus deberes. En estos casos todos los ciudadanos, pero especialmente los de carnet y sentimiento liberal, debemos cooperar en el esclarecimiento del crimen. ¡De todos los crímenes! Sin recta, cumplida y severa justicia no se podrán complementar los esfuerzos que se vienen haciendo para lograr la paz.

 

Algunos irresponsables, como se dice en el argot popular, “quieren comer del muerto”, lanzando conjeturas de culpabilidad, cuando las autoridades son las que tienen el deber de decirnos a los ciudadanos el nombre de los responsables, las razones de su abominable acto y sancionarlos ejemplarmente.

 

Decir que fue la extrema izquierda es tan irresponsable como manifestar que fue la derecha extrema. Tan reprobable es afirmar que fueron los partidarios de la paz, como los enemigos de la paz. Hay que dejar los odios y la ceguera política cuando de por medio está el dolor de las familias y la indignación de la comunidad.

 

Ningún momento mejor para alegar en favor de la convivencia. Esta semana la guerrilla que firmó el Acuerdo con el gobierno entregará la totalidad de las armas que porta. Con satisfacción podemos afirmar que en pocos días se acabarán las Farc. No es solo una buena noticia; es la mejor noticia para todos los colombianos.

 

Hay que seguir la tarea. Queda pendiente otro Acuerdo, con los “elenos”. Hay que terminar las bandas criminales y el narcotráfico. Queda el resto de la delincuencia, encontrarle solución a la pobreza, lograr un país con mayor igualdad, proponernos alcanzar los mejores niveles de educación y hacer reformar democráticas, constitucionales, en la economía, para que haya empleo y mejores oportunidades para todos. Así venceremos el crimen y la inequidad.

 

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Decir que la ley de tamizaje neonatal es populista es una irresponsabilidad inconmensurable: senador Jorge Iván Ospina

 

Cale, junio 20 de 2017.- "Jamás podrá ser populista que se identifique precozmente en nuestros niños ceguera, sordera, galactosemia, hipotiroidismo, drepanocitemia y otras enfermedades, que al ser intervenidas oportunamente garantizarán un desarrollo adecuado de este futuro adulto, por eso rechazamos absolutamente las palabras del Ministro de Hacienda que señalan que la ley de tamizaje neonatal es una acción populista. Debemos garantizarle a todos nuestros niños pruebas de laboratorio que identifiquen algún factor de riesgo o enfermedad, así como su tratamiento": Jorge Iván Ospina, Médico y Senador Ponente #LeyDeTamizajeNeonatal

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EEUU aliado insustituible de Colombia para el comercio, contra el terrorismo y las drogas

“En el mundo deben primar las buenas relaciones con los vecinos“: senador José David Name Cardozo

 

Barranquilla, junio 20 de 2017.- Independientemente de los gobiernos que han regido los últimos 20 años, Colombia y Estados Unidos logran estrechar lazos y consolidar una alianza que sirve para fortalecer el comercio bilateral, así como profundizar la lucha contra el terrorismo y el tráfico de drogas ilícitas.

 

 

Estoy convencido de que la tónica entre los dos países debe ser la ampliación de la cooperación de mutuo beneficio en esos tres temas, así como la exploración de otros aspectos en protección medioambiental, energías limpias, la ciencia y la tecnología, el emprendimiento y la innovación, en procura del crecimiento económico y el progreso social que son necesarios para el empleo y el desarrollo sostenible.

 

 

Sin lugar a dudas el manejo adecuado de las relaciones con los Estados Unidos, nos ayuda a proyectar un país en donde se mantiene y permanece la paz en aras de multiplicar la inversión pública y privada, enriquecer la democracia, incentivar la inclusión, erradicar la pobreza y tener un mejor clima de justicia y equidad social.

 

 

Es claro que hoy debemos establecer el equilibrio del vínculo con los Estados Unidos, al tiempo que diversificamos la agenda con el coloso norteamericano porque si bien ha sido y es importante su apoyo en la guerra contrainsurgente y el combate a los carteles de la droga, tenemos que concentrar esfuerzos que nos ayuden a ser mucho más exitosos en el tránsito hacia el posconflicto.

 

 

Coincido con los analistas que destacan una década de aplicación del Plan Colombia como factor fundamental para que los Estados Unidos nos consideraran un caso exitoso de reconstrucción estatal, dejando de ser una amenaza para para la seguridad y la estabilidad regionales.

 

 

En ese contexto nos hemos ubicado dentro del grupo de los países emergentes, con lo cual Colombia puede mostrarse como un aliado confiable que merece ser objeto de relaciones bilaterales más equilibradas y de una agenda más diversa.

 

 

Dentro de esta perspectiva cabe mejorar el ámbito de aplicación del Tratado de Libre Comercio, que para el caso colombiano significó la apertura de un mercado de más de 300 millones de personas. Nuestra diplomacia comercial es fundamental para terminar de derrumbar barreras que se han venido oponiendo a extender los beneficios del TLC.

 

 

En un mundo en el que deben primar las buenas relaciones con los vecinos y demás naciones en otros continentes, los Estados Unidos dejan de ser el epicentro de nuestro enfoque internacional aunque considero que el equipo diplomático debe ser más proactivo e incisivo en la ampliación de la agenda bilateral con este país, en procura no solo de confirmar una ayuda de 400 millones de dólares del gobierno del Presidente Trump, sino de incorporar a los temas de alianza el llamado posconflicto y el desarrollo económico duradero y equilibrado a largo plazo.

 

 

Sin lugar a dudas la seguridad, el libre comercio y los derechos humanos permanecerán gravitando en las relaciones colombo-estadounidenses pero si no hacemos nuestros mejores esfuerzos nos vamos a quedar en una jurisdicción en la que bilateralidad se hace miope respecto de otros campos de acción.

 

 

Las conclusiones del encuentro del pasado mes de mayo entre el Presidente Donald Trump y su homólogo de Colombia Juan Manuel Santos, nos indican que sigue el buen ánimo para madurar las relaciones bilaterales, al punto que el Jefe de Estado del Norte no vacila al señalar a Colombia como “uno de nuestros aliados principales, uno de los más cercanos en el hemisferio”.

 

 

En el marco del propósito de mantener unas relaciones cordiales, la reunión Trump – Santos sirvió para formalizar un acuerdo mutuo en favor de la paz y alrededor de la necesidad de combatir el narcotráfico, reduciendo los cultivos de coca que se han duplicado en el último año.

 

 

Superada esta reunión, que fue la tercera del Presidente Trump con un presidente latinoamericano, quiero invitar a que desde la Comisión II del Senado de la República examinemos la instalación de unas mesas de trabajo en coordinación con la Embajada de los Estados Unidos en Colombia, que nos permitan estudiar en los frentes político-diplomáticos las opciones que pueden manejarse para hacer mucho más fuerte y ventajosa la alianza entre los dos países. Por favor escríbame a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

 

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Nuevo Liberalismo

“¡Es la hora de la renovación!”: senador Juan Manuel Galán.

Bogotá D.C., junio 20 de 2017.- Ni candidato del Gobierno, ni candidato de maquinarias, ni un delfín. Por si aún existe alguna duda, vamos a dejarlo claro, no soy el candidato oficial del continuismo. Soy un liberal independiente que ha defendido posturas renovadoras dentro del Liberalismo. Es por eso que hablo del Nuevo Liberalismo, un movimiento que convertirá a Colombia en el país de las oportunidades para todos. Invito a los liberales y a quienes se niegan a entregarle el país a extremos populistas, para que hagamos una consulta popular el día de las elecciones parlamentarias. Que sea la gente, los ciudadanos, quienes tengan el poder de decisión sobre el candidato que defenderá una propuesta de centro en las elecciones presidenciales. Con esta iniciativa, busco el apoyo no solo de los Liberales, sino de todos los precandidatos que tienen el legado liberal en el corazón. Vamos a hacer una revolución pacífica, electoral, que libere a Colombia del yugo clientelista, un cáncer que se ha devorado a nuestro país y que nos cuesta entre 3 y 5% del PIB. Una revolución que construya igualdad a través del crecimiento inclusivo en uno de los países mas desiguales del mundo. Una revolución que permita superar definitivamente el flagelo del narcotráfico, fuente de corrupción e inseguridad.


La consulta popular, debe tener Y garantías, unas reglas claras, bajo un escenario neutral que, desde el más alto nivel, ofrezca garantías suficientes a todos los precandidatos. Solo así, lograremos un consenso alrededor de una propuesta que responde con claridad a las demandas de seguridad y justicia y que, bajo una visión democrática, le apuesta a la distribución de la riqueza con políticas fiscales novedosas y progresivas. Necesitamos propuestas que no estén casadas, ni con la extrema derecha del Centro Democrático que quiere hacer trizas los acuerdos, ni con la extrema izquierda, que pretende entronizar en Colombia el modelo venezolano Chavista. Se trata más bien, de reunir a todos aquellos candidatos interesados en propuestas que rescaten el proceso de paz y que avancen en las reformas que el país necesita para construir igualdad, y hacer de Colombia el país de las oportunidades. 


Convoco entonces a un Nuevo Liberalismo, como opción renovadora, rebelde y en contra de las maquinarias electorales, como oportunidad de transformación social, que nos lleve a una nueva forma de hacer política en Colombia. Una política cuyo principio y objetivo es garantizar derechos, no hacer favores ni negocios particulares desde el poder.



¡Es la hora de la renovación!

 

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