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La violencia política contra las mujeres no es normal

Bogotá D.C., noviembre 20 de 2018.- Todos los días en el mundo entero, hablamos sobre cómo lograr una sustantiva participación de las mujeres en la política y quizás el reto más importante, es lograr que partidos, instituciones y movimientos garanticen que las mujeres candidatas e integrantes de las campañas, no sufran violencia política.

Este tipo de violencia política contra las mujeres, como las otras que existen, inicia con cosas simples pero que dejan marcas imborrables en las lideresas, con el único objetivo de disminuirlas y lograr matar sus validas aspiraciones, criticar la vida privada de las candidatas hasta amenazas, intimidación o desapariciones forzadas para dejar de competir a un cargo son las múltiples violencias que sufren a diario en Colombia y el mundo las mujeres que como en mi caso toman la decisión de hacer parte activa de la política en nuestros territorios.

Se dice que la manera más fácil que encuentran quienes quieren disminuir a las mujeres está ligada a la sexualidad de la misma, es por eso que desafortunadamente se ha naturalizado las ofensas y denigración según nuestro aspecto físico o nuestra vida sexual, es más común de lo normal que se mienta y calumnie sobre esta última para conseguir de alguna forma el “castigo social y moral” del público. Y esto es apenas uno de los tipos de violencia que soportan las mujeres que participan en cargos políticos, pero lo más grave es la naturalización de la misma y la justificación de estas reprochables conductas, ese es uno de los retos, visualizar y lograr castigar dichas actuaciones. 

El estado tiene la obligación de adecuar las instituciones gubernamentales para garantizar los derechos de las mujeres y avanzar en la promulgación de leyes que abordan la violencia que se sufre en los ámbitos públicos, incluyendo la esfera política.

El reto de los gobiernos de Latinoamérica es promover una legislación paritaria, en donde se apoye y considere a las mujeres cada vez más en su acceso a la esfera del poder político. La paridad, a diferencia de las cuotas, no es una medida especial temporal sino un nuevo principio de representación democrática que apela a la necesidad de una representación equitativa de hombres y mujeres en los espacios de toma de decisiones que refleje la composición de las sociedades (mitad hombres y mitad mujeres). El movimiento por la paridad, que surgió en Francia en los noventa, busca marcar la diferencia entre hombres y mujeres para luego hacerla desaparecer, es decir, no se busca que las mujeres gobiernen sólo para las mujeres o por ser mujeres.

En Colombia aún existe una notable desigualdad en temas de acceso de las mujeres en cargos de elección o de alto poder, como en la tabla salarial, sin embargo, hemos logrado un gran avance en lo corrido de los últimos 20 años, no ha sido fácil y es sin duda un camino lleno de obstáculos, de riesgos de retrocesos donde las mujeres políticas y nuestras aliadas tenemos que dar una batalla mucho más fuerte que cualquier hombre en nuestras mismas condiciones solamente por nuestro género. 

El reconocimiento de la violencia política como una dimensión particular de la violencia de género es bastante reciente. Es en Bolivia, país que cuenta con una normativa de paridad, donde se da una de las primeras movilizaciones públicas que nombran el fenómeno de la violencia política y que culmina con la aprobación de una ley en materia de violencia política. En Colombia seguimos trabajando por abrir camino y espacio a todas las mujeres que decidan acceder al campo político, como un derecho natural y necesario para trabajar activamente por la sociedad.

 

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