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El Congreso, a la vanguardia para el sostén de Colombia

"El Congreso ha estado a la vanguardia para alcanzar esa estabilidad económica  que se nos reconoce en América": senador José David Name Cardozo

 

Barranquilla, diciembre 11 de 2017.- Se están exagerando las  críticas al Congreso, en especial sobre el proceso de pacificación con las Farc, y eso no es totalmente justo ni conveniente  si el objetivo es el fortalecimiento de las instituciones.

 

No pretendemos tapar el sol con las manos porque tenemos que admitir que hay faltas individuales o de grupos. Pero no se puede desconocer la naturaleza plural de su composición, los intereses que les animan, no todos ilegítimos como se hace creer, ni la ritualidad de sus procedimientos en la toma de decisiones.

 

Estas ritualidades son necesarias para la calidad de las decisiones. Cuando hay conflicto de interpretaciones, ahí están las leyes y las cortes para superar los desacuerdos.

  

¿Por qué respetar los fueros del Congreso? Debe considerarse, en primer lugar, que el haber socavado los partidos y las formas democráticas en sus poderes públicos ha costado demasiado a países vecinos y hermanos.

 

Hay que cuidar, por eso, las instituciones en Colombia. La democracia colombiana está ahora entre las más sólidas de América y por lo tanto es deber de los colombianos cuidar su permanencia y favorecer los cambios para hacerla sostenible y útil frente a los desafíos de la desigualdad social y la democracia misma. Debilitar la imagen del Congreso sin motivos que le justifiquen es afectar la democracia y disminuir las oportunidades de progreso, que lo hemos tenido en los últimos años. 

 

El trabajo parlamentario es extenuante y complejo. Se trata de interpretar a la sociedad en sus aspiraciones de mejor vida y debe hacerse en un marco de principios y valores de partido y también personales, muy consciente de que hay una periódica renovación de mandatos,  luego existe el deber de rendir cuentas y hacer pronunciamientos sobre los diversos temas que mueven a la sociedad y al Estado.

 

Colombia ha definido como destino aproximarse al mundo más avanzado en  desarrollo, poniendo énfasis en la lucha contra la pobreza  y la desigualdad, haciendo acuerdos internos de paz y tratando de mejorar su inserción económica con el mundo a partir de acuerdos comerciales y con exportación de bienes que tengan valor agregado, dejando atrás una economía exclusivamente extractiva.  Dejando atrás igualmente las oportunidades de nuestra riqueza rural. En un mundo que busca tierras productoras de comida. 

 

Frente a un comportamiento hacia la baja en el crecimiento mundial, los indicadores del país siguen siendo positivos pero insuficientes frente a las necesidades y metas de crecimiento. Lo positivo es que hemos sabido resistir en este siglo todas las crisis mundiales.

 

El retroceso en los precios de nuestros productos exportables obligó a una reducción interna del gasto público que el país ha hecho en varios años tratando de no afectar de manera significativa la política social. Por el contrario,  Colombia asume compromisos cada día más exigentes en desarrollo humano y su política económica y social es explicita en tener como objetivo a la equidad. Los logros, insisto, son notables pero insuficientes para nuestros propósitos.  

 

El Congreso ha estado a la vanguardia para alcanzar esa estabilidad económica  que se nos reconoce en América. Ha sido prodigo en debates y leyes de protección social.  Hay una agenda de reformas todavía pendiente, como la Justicia, el ordenamiento territorial y la asociada al proceso de paz, pero es incorrecto señalar que no ha habido compromiso en las corporaciones del Poder Legislativo.

 

Ha sido este un cuatrienio legislativo de trabajo para darle sostenibilidad a la nación y recuperar el rimo de crecimiento. Pero, especialmente, de contribuciones para la pacificación.  Nos anticipamos a dotar a la nación de herramientas para las negociaciones de paz, las cuales la Corte Constitucional ha avalado en su mayoría en su revisión conforme a los principios de la democracia, la justicia y los principios y mandatos constitucionales. Luego, cuando se presentó la oportunidad para la refrendación de lo acordado con las Farc, el Congreso respondió positivamente. E igualmente en la mayoría de las leyes de reformas constitucionales y leyes de implementación de lo acordado. Quedan pendientes reformas para la paz  Es decir, el trabajo sigue.  Lo básico está aprobado o hay debates avanzados para su materialización.

 

Los poderes públicos colombianos, con más o menos celeridad,  con más o menos debates internos, han venido cumpliendo con sus deberes para sostener los acuerdos de pacificación y que la paz que se logre sea estable y duradera.

 

Si bien en Colombia debe reconocerse que tenemos crisis en algunas instituciones que son soporte de la democracia, es incorrecto que se diga que el Congreso no cumple su mandato. Lo ha cumplido. Nada hace creer que no lo cumplirá si discurre la campaña electoral por los senderos que se vienen dando. Serán estas unas elecciones con menos violencia.

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